martes, 4 de enero de 2022

EL CAMINANTE

 


Hoy he amanecido triste

con una profunda nostalgia,

hoy anhelo recorrer

todo el mundo,

todo lo que antes no conocía

quisiera hoy, conocer.

 

Ya el barco zarpó

con rumbo incierto

dejando atrás el seguro puerto,

voy hacia la mar sin rumbo conocido

con la vela extendida al viento

y las manos saludando al firmamento.

 

Ahora que sé, que es breve mi tiempo

ahora que entiendo que es efímera

del hombre la vida,

quisiera subir los cerros altos

como un cóndor augustal

y abrazarlo todo en un instante;

hoy que mis ojos están obligados a cerrarse,

quisiera con mi honda

como en mi niñez

perseguir las cuculíes de mi huerto,

hoy que me alejo de esta vida

como un velero que se pierde en la lejanía,

quisiera caminar por los campos,

oír el lírico canto de las aves

y la voz sosegada del hermano río.

 

Hoy anhelo más la vida

como ave cautiva su libertad,

hoy quisiera correr

como Platero por los prados

enamorado de la naturaleza,

quisiera como poeta

cantar a la vida en mis versos,

hoy como mozuelo errante

al río quisiera escapar

sentarme a su vera

y oír,

su dulcísona canción,

asir sus piedras

y herir sus raudales

como antaño.

Hoy mi corazón no se llena

de las pasadas alegrías,                                                              

veo las cosas con mucha extrañeza,

no sé si antes

lo que ahora siento

lo viví,

es la congoja de ver

agonizar la naturaleza;

estoy caminando

por la ribera del río

y ando a solas

como si no tuviera sombra,

ni un amigo  se me acerca,

bandadas de gaviotas

mi viaje acompañan,

se presiente la soledad

del gris otoño

donde los árboles viejos

caerán de hinojos

y el lecho

donde antes nacía la flor

se cubrirá de hojas muertas

y las aves con desespero

huirán con la incertidumbre

de sí hallarán,

un nuevo hogar.

 

Hay tantas cosas

que quisiera hacer

pintar los campos cargados

de frutos,

frutos rojos y naranjas,

amarillos y morados,

hay tantas cosas

que quisiera hacer

quisiera volar

como un ave

y abrazar el horizonte

y con un suspiro llenar de paz

todo el mundo,

hay tantas cosas

que quisiera hacer,

dar monedas a los mendigos

abrigarlos y ampararlos

como a hermanos,

quisiera viajar

por todo el mundo

 los ríos                                                                                      

y lagos,

esperar  la llegada

en bandadas

de las aves errantes,

ser como el viento

caminante incansable

y cuando al fin  mis pies

estén cansados de peregrinar

buscando por todo el mundo,

el hogar ideal,

el edén que antaño se perdió,

me tenderé a descansar

a la hermana sombra

de un eucalipto centenario

en profundo sueño como Adán;

recordaré la policromía

de los paisajes en primavera,

 mi transitar por las verdes lomas

de Lachay,

 mi viaje  por los andes colosales

admirando el vuelo señorial

del cóndor augustal,

 recordaré mis viajes en velero

como bravo pirata

cautivado por la anchura

insondable del mar

y todo me hará  comprender 

que el paraíso perdido

está latente

 en los campos, los bosques

en los niños, en las aves,

y en mí, poeta lírico;

y  al despertar

de mí portentoso sueño

querré como el quijote

partir a un nuevo viaje

y alcanzar mi dulcinea,

pero, ya mis pies,

desfallecerán

de tanto andar

por todos los senderos                                                                                    

y mis ojos

estarán cansados

de tanto contemplar

la beldad de la natura.

 

A la luz del medio

día con mis pasos

ya muy lentos,

iré a sentarme

a la orilla empedrada

de una fuente

 mansa y cristalina

donde veré

mi arrugada faz

de cabellos canos

y ya no me será

posible andar

como mozuelo errante.

 

Un magnánimo sauce

me brindará

de una de sus ramas

un rústico bastón,

que será mi sostén

en mis restantes días

sobre estos caminos

sembrados de rosas y de espinas.

 

Y me irán a visitar

a mi tumba

llena de hojarascas que,

 arrastrará el viento

como el olvido a los recuerdos

en una lúgubre tarde autumnal

y de entre los árboles

ya sin hojas

se oirá de la cuculí

la triste letanía.

 

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