Hoy he amanecido triste
con una profunda nostalgia,
hoy anhelo recorrer
todo el mundo,
todo lo que antes no conocía
quisiera hoy, conocer.
Ya el barco zarpó
con rumbo incierto
dejando atrás el seguro puerto,
voy hacia la mar sin rumbo conocido
con la vela extendida al viento
y las manos saludando al firmamento.
Ahora que sé, que es breve mi tiempo
ahora que entiendo que es efímera
del hombre la vida,
quisiera subir los cerros altos
como un cóndor augustal
y abrazarlo todo en un instante;
hoy que mis ojos están obligados a cerrarse,
quisiera con mi honda
como en mi niñez
perseguir las cuculíes de mi huerto,
hoy que me alejo de esta vida
como un velero que se pierde en la lejanía,
quisiera caminar por los campos,
oír el lírico canto de las aves
y la voz sosegada del hermano río.
Hoy anhelo más la vida
como ave cautiva su libertad,
hoy quisiera correr
como Platero por los prados
enamorado de la naturaleza,
quisiera como poeta
cantar a la vida en mis versos,
hoy como mozuelo errante
al río quisiera escapar
sentarme a su vera
y oír,
su dulcísona canción,
asir sus piedras
y herir sus raudales
como antaño.
Hoy mi corazón no se llena
de las pasadas alegrías,
veo las cosas con mucha extrañeza,
no sé si antes
lo que ahora siento
lo viví,
es la congoja de ver
agonizar la naturaleza;
estoy caminando
por la ribera del río
y ando a solas
como si no tuviera sombra,
ni un amigo se me
acerca,
bandadas de gaviotas
mi viaje acompañan,
se presiente la soledad
del gris otoño
donde los árboles viejos
caerán de hinojos
y el lecho
donde antes nacía la flor
se cubrirá de hojas muertas
y las aves con desespero
huirán con la incertidumbre
de sí hallarán,
un nuevo hogar.
Hay tantas cosas
que quisiera hacer
pintar los campos cargados
de frutos,
frutos rojos y naranjas,
amarillos y morados,
hay tantas cosas
que quisiera hacer
quisiera volar
como un ave
y abrazar el horizonte
y con un suspiro llenar de paz
todo el mundo,
hay tantas cosas
que quisiera hacer,
dar monedas a los mendigos
abrigarlos y ampararlos
como a hermanos,
quisiera viajar
por todo el mundo
los ríos
y lagos,
esperar la llegada
en bandadas
de las aves errantes,
ser como el viento
caminante incansable
y cuando al fin mis
pies
estén cansados de peregrinar
buscando por todo el mundo,
el hogar ideal,
el edén que antaño se perdió,
me tenderé a descansar
a la hermana sombra
de un eucalipto centenario
en profundo sueño como Adán;
recordaré la policromía
de los paisajes en primavera,
mi transitar por las
verdes lomas
de Lachay,
mi viaje por los andes colosales
admirando el vuelo señorial
del cóndor augustal,
recordaré mis viajes
en velero
como bravo pirata
cautivado por la anchura
insondable del mar
y todo me hará comprender
que el paraíso perdido
está latente
en los campos, los
bosques
en los niños, en las aves,
y en mí, poeta lírico;
y al despertar
de mí portentoso sueño
querré como el quijote
partir a un nuevo viaje
y alcanzar mi dulcinea,
pero, ya mis pies,
desfallecerán
de tanto andar
por todos los senderos
y mis ojos
estarán cansados
de tanto contemplar
la beldad de la natura.
A la luz del medio
día con mis pasos
ya muy lentos,
iré a sentarme
a la orilla empedrada
de una fuente
mansa y cristalina
donde veré
mi arrugada faz
de cabellos canos
y ya no me será
posible andar
como mozuelo errante.
Un magnánimo sauce
me brindará
de una de sus ramas
un rústico bastón,
que será mi sostén
en mis restantes días
sobre estos caminos
sembrados de rosas y de espinas.
Y me irán a visitar
a mi tumba
llena de hojarascas que,
arrastrará el viento
como el olvido a los recuerdos
en una lúgubre tarde autumnal
y de entre los árboles
ya sin hojas
se oirá de la cuculí
la triste letanía.
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