La extinción del pantano
A la laguna el Paraíso y a los humedales de Santa Rosa
En lontananza, observo,
los cadáveres yertos
de las aves
errantes,
que flotan como
hojas secas
en sus oscuras
aguas
donde nada la
muerte.
Llegaron de otras
regiones
tras arduo vuelo;
sortearon el viento
adverso
y se entregaron al
viento amigo
que los impulsó
contuvieron el
hambre
como los camellos,
otearon como
atalayas
las costas de su
esperanza;
ávidos de descanso
las bandadas
descendieron
al mustio pantano;
pero, no
encontraron en su habitad
el ansiado
sustento;
el hambre les
mordía las entrañas,
el vigor huyó de
sus miembros laxos
como el aliento de
los cuerpos;
uno tras otro,
se fueron muriendo,
el lago risueño de
ayer,
hoy está muerto,
sombrío y solitario;
la algarabía de las
aves salvajes
se tornó en
sepulcral silencio;
yace lúgubre,
el pantano sin
vida,
lamentablemente no
hallaron
allí la vida.
De la II Antología Poética Peruana “La Palabra Provocada” del Instituto Cultural Iberoamericano(ICI)-Madrid-España.
Desesperanza
El día lúgubre, las calles solitarias,
el invierno
álgido, y yo sin ti,
sin tu aroma, sin la rosa de tu boca.
Columbro la lejanía,
soñando aparezca tu fina figura,
como ángel sublime;
obstinado, partiré errante por doquiera,
quizá te halle antes de yacer inerte,
en un lecho de hojarascas.
Yo cabalgando el viento,
renuente no renuncio a tu amor;
pero ya tú columbras otras lejanías,
donde quizá yo no aparezco,
ni mi sombra siquiera se asoma,
ni tu mirada de princesa me busca.
Yo trotamundos por tu amor,
por tu faz, tus besos,
no cesaré de buscarte por los confines de la
tierra,
te buscaré como a única mujer
a ti mi musa soñada.
De la II Antología Poética Peruana “La Palabra Provocada” del Instituto Cultural Iberoamericano(ICI)-Madrid-España.
yo bardo, enamorado de tus ojos, tu faz,
más aún te amé, hasta idolatrarte.
Cada beso mío y caricias y palabras a tu oído eran de hinojos
cual esclavo a los pies de tu belleza de princesa.
¡Oh Abril inolvidable, jamás podré sacarte de mi mente!
como olvidar tus besos, tu mirada de paloma,
tus níveas manos, tu angelical presencia;
se me hace difícil pensar que ya no volverás,
que ya no te contemplaré más como antes;
que ya en mis brazos no te podré amar,
y estos, ante tu ausencia fláccidos y sin tu calidez irán desfalleciendo
hasta trocarse en resecas ramas de un olmo sin primavera
sin verdecer, sin ti Abril amada del poeta.
Del Folleto de Antología Poética Escolar Corazonista 2019.
De la Antología Poética del Bicentenario “VOCES DEL DESTINO” Edición de ANIBAL ARELIUM-Octubre 2021-Prodasia Ediciones .
Grande es el suplicio de mi alma
una vez cautivo en la cárcel de tu amor
instantes en qué exhalaré un agónico clamor
los días aquí me torturan y no encuentro tan ansiada calma
la noche para mi llegó al igual que el desamor
entonces sentiré aquel martirizante sinsabor
recordaré aquel infausto momento
moriré luego y daré un tétrico lamento
o me imaginaré que esta historia solo fue un cuento.
Del
Folleto de Antología Poética Escolar Corazonista 2019.
“EL CENTINELA”
Desde mi morada contemplaba
como un ave en la copa de un árbol,
con las cejas fruncidas por los rayos del sol
y la mirada clarividente como de águila,
las verdes y lozanas chacras
donde crecían erguidos los sembríos
y los caseríos antiguos de adobe,
circundados por verdes platanales
a orillas de las acequias;
vacas y ovejas paciendo,
pincelaban de blanco
el verdor de las praderas
y un colosal cerro
de entrada, al anchuroso mar
como ballena varada en sus playas
y saturadas las peñas de aves guaneras,
guauchos de anchos picos
devorando pequeños peces,
gaviotas de acrobático vuelo
embistiendo la mar,
y las lanchas tornando
al hogar,
atestados de peces;
Carquín al frente,
Centinela a la derecha,
y en lo alto, el cielo herido
atravesado de rato en rato
por las aves errantes,
anunciando el final de la tarde.
POEMA IV
Contemplé tu huida,
te ibas rauda, sin siquiera mirarme,
todo fue tan rápido que la lejanía te devoró al instante.
Tú, mi musa de alba faz y blondos cabellos,
ni tierra,
ni mar,
ni distancia,
que te oculte a mis ojos,
y en que no te pueda alcanzar,
eres mía,
eres solo para mí.
Después de tu huida, yago cautivo
en la mazmorra de la desesperanza,
yo nómada y acezante por mis agonías de desamor,
me extravío obnubilado cada vez más,
en el laberinto de tus recuerdos,
la incertidumbre me asalta día a día,
y tu ausencia satura mis nostalgias,
oteo el horizonte surcado por bandadas
de golondrinas oscuras como un mal augurio
que medran mis pesares, en estas horas de dolor,
pero, sueño quizá como aterida paloma, te vea volver
ávida de la calidez de mis amores.
¡Oh musa soñada!
quiera mi amigo el viento
traerte entre sus alas, a mis brazos
a mi nidal de amor escogido solo para ti;
quieran las aves errantes, darme indicios
de tu presencia contigua, más aún para mi latente;
quiera el mar sosegado, traerte entre sus mansos raudales
hacia mi puerto de esperanza.
Quiera ahora el sino adverso tornarse en mi bienhechor renuente,
y traerte hacia mi último lecho, y quizá por última vez te contemple:
tan bella, ideal, angelical y sublime, ¡amada del poeta!
cuándo entenderás que yo te elegí mi musa de alba faz y blondos cabellos.
“El Insondable Amor del Poeta”
Te amé como nunca amé a ningún primer amor
¡Oh Musa! te amé con locura,
adoré tus ojos, tu voz, tu faz,
te idolatré tanto amor;
mis brazos alegres también te amaron,
mis labios sedientos hallaron en los tuyos
el manantial que los saciaron.
Tú mi musa, ahora me dejas solo,
y en la obscuridad de no verte a mi lado;
compungida mi alma,
te llora como un expósito,
por las calles sin vida,
camino yo, también casi ya sin vida, y sin ti,
solo con los recuerdos
de los días venturosos del amor;
ahora estoy sin ti
mi cielo,
sin ti, musa,
y no sabes cómo me duele el corazón,
que a cada instante que tu ausencia me asedia,
se rompe como un débil cristal en mil pedazos,
¡Oh mi cielo!
¿por qué huiste del abrigo de mis brazos
a otros mendaces y ruines?
solo el tiempo, será juez justo,
y quizá fiel me halles esperándote.
Al final de tu escabroso camino,
cuando estés languideciendo de sed,
de desamor, por los embates del destino
yo bardo enamorado, no te podré olvidar,
te esperaré hasta el fin del mundo,
y cuando vuelvas traerás contigo
mi corazón que te llevaste al dejarme sin ti
y que te entregué en cada beso,
y en cada sílaba
que te dijera al oído, mi cielo, mi amor.
Te amo tanto que no hay noche silenciosa,
que yo no pronuncie tu nombre
al viento errante,
y no hay noche estrellada
con murmullo de grillos melancólicos,
que yo no te busque entre las estrellas,
y no hay instante de mis días
que no vislumbre volver a verte
volver a tenerte entre mis brazos
y acariciar tus labios con mi amor,
mi única musa.
De la Antología Poética del Bicentenario “VOCES DEL DESTINO” Edición de ANIBAL ARELIUM-Octubre 2021-Prodasia Ediciones .
La muerte de la musa
no podré arrancarte tan fácilmente de mi corazón
como a un mal sentimiento,
cortarte como a yerba mala
no podré amor, mi cielo,

toda mi vida te seguiré amando,
no te podré olvidar,
tus inolvidables ojos de paloma
no podré borrar de mi mente,
no…no me será fácil
sacarte de mi corazón;
anegas todo mi ser, mi alma,
estás en el ambiente
y en el viento adverso
que me trae una voz engañosa
a mi oído, que semeja ser la tuya,
diciéndome: te amo, te amo…
avivando así más la hoguera
de dolor en que me consumo día a día,

desahuciada mi alma, te llora,
recordando los días felices
recordando tus níveas y delicadas manos
con las mías asidos fuertemente
en señal de amor,
contemplando la noche sin ti,
que se torna más obscura todavía,
sin brillar de astros en el firmamento,
con la luna de fulgor agonizante
pues, tú no estás aquí, mi musa;
quisiera pensar que estás muertas,
que un obscuro hoyo te separa de mí,
que es imposible traer tu presencia a mi lado,
que ya no te podré recuperar,
que te fuiste para siempre,
que nos separó la inexorable muerte
y no hubo nada que yo pudiera hacer, amor,
pero, caminas por otros prados con otro,
que tus manos toma otro. Estas con otro.
Que con la cítara de tu risa
se alegra otro. Y es para otro.
Que de tu aroma se embebece otro
que no soy yo,
aciago yo, bardo enamorado,
te tuve y te perdí
ya no te podré volver a tener,
mis brazos, ya no te abrigarán como antes,
ya no te amarán mis labios como ayer,
ni veré tu faz alba, ni tus bellos ojos de mirada cándida

que amé a primera vista,
mi cielo, mi Lucero,
quizá fue el sino adverso quien premeditó
nuestra dolorosa separación,
nuestro atroz final,
nuestro último adiós.
Poema XVIII
Creyendo ya estar en el final de mi camino
me aferré a espejismos, a mujeres tan bellas como viles,
ninfas que en mi trayecto me embrujaron con sus voces,
sus sílabas cual arias,
me retuvieron en mi itinerario,
me perdieron en un laberinto del cual me es arduo ahora salir,
y seguir buscando a mi idónea.
Cerca estabas de mí paloma mía,
pero el cansancio,
las fatigas del trayecto me hicieron por unos instantes cejar
y creer haber hallado a mí musa.
¡ Mentira!, ninguna de esas risueñas eras tú.
A hora mi cuerpo está demasiado herido,
mi corazón también,
las fuerzas me faltan y aún no te hallo amor.
Sígueme esperando, te pensaré
como si te conociera
como si haya visto tu faz, tus ojos,
te soñaré, y recobraré fuerzas de flaqueza,
¡oh Musa de alba faz y blondos cabellos!.
Al fin de mi trayecto sé que te amarán mis ojos,
sé que te adorarán mis labios.
Yo bravo, por caminos ignotos y tenebrosos me abriré camino,
venceré a la muerte y en mi corcel Pegaso,
te buscaré, ¡oh princesa de mi corazón!
y ya no te separarás de mi jamás,
¡mis brazos te lo juran!.
A AFTER 2022
A
la promoción 5to año 2022 Colegio Columbia
He visto
1000 quintos años partir
como
donceles gaviotas acrobáticas
persiguiendo
el sol
perdiéndose
extasiados en ultramar
y cautivos
por la mirada azul
esperanzadora
del horizonte.
Y la
historia se repite año tras año
esas
miradas que 365 días
contemplé estáticos
o
perdiéndose como juguetones infantes
en el policromo
bosque de su inocencia
esas
sonrisas y bullicios parecidos al chillido de las aves
al final
devoró el silencio.
Que de
aquellos , de rostros albos y rosas y renuentes voces
y pequeños Odiseos en pos de sus Ítacas
que como soldados iban tras de mi
atentos ,imitando
mis pasos
y creciendo cada día cual eucaliptos frondosos;
sin advertirlo ahora sus pasos más alígeros que los míos
siguen ecuánimes el trayecto que yo ya recorrí
y huyeron de las aulas con mirada rebosante de alegría
cual marinero vislumbrando su hado cierto.


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