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lunes, 18 de diciembre de 2023
jueves, 7 de diciembre de 2023
𝐌𝐎𝐍Ó𝐋𝐎𝐆𝐎 𝐃𝐄𝐒𝐃𝐄 𝐍𝐈𝐄𝐕𝐀
𝗠𝗢𝗡Ó𝗟𝗢𝗚𝗢 𝗗𝗘𝗦𝗗𝗘 𝗡𝗜𝗘𝗩𝗔
Hay un vértigo de soledad casposa en esta distancia bipolar, no ha nacido el día y ya a muerto. El desayuno, pan dulce con aceitunas y café revolcado, no sacia mi hambre de somnio. El enflaquecido tiempo yace atracado entre mis secretas angustias. (Se oye el ronco crepitar de los peque-peques desde lo alto del Hotel Nieva, aún no bombean agua al tanque, se siente el calor apretujándose con la tristeza. El pequeño y único mercado del puerto, bulle de guabillas, anticuchos de carachamas, fritanga de palometas y doradas. Hay una treintena de vendedores, con mirada compasiva y prestos a venderte hasta su alma. Diecinueve motores fuera de borda, incendian la playa de ruidos. El Nieva y el Marañón colisionan fragorosamente y engendran el Santiago. Yo, arriba, encaramado en el peque-peque, veo el único ángulo esquinado que durante cincuenta años me generó dudas e intrigas de cómo un pueblo de la selva del Perú no sucumbía por esa colisión acuosa cuasi hecatómbica. Siento gusanos mordisqueándose entre mis tripas...). Entramos por la única calle desolada Libertador Simón Bolívar, de madrugada y un tenso misterio me empuja ir a la placita de Santa María de Nieva. Ni el cansancio de ocho horas de viaje ininterrumpidos arredraba mi ímpetu literario. Se escuchan los ruidosos grillos y el melancólico y persistente croar de sapos a la distancia, parapetados secretamente en esa densa e infernal vegetación. Finjo y trato de engañar a mi cuerpo dormir y no puedo, estoy demasiado excitado por ese misterioso lugar, me produce escozor y un réptil verde recorre mis venas, quizá en la esquina esté el Sargento Lituma o Adrián Nieves o quizá Lalita. Siento que he trastornado mi yo real con el yo literario de La casa verde. Y me acuerdo de esos viejos reconchadesusmadres comunistoides, decrépitos de mierda, traidores y trastornados mentales. La paranoica noche demencial, es una arteria femoral dislocada entre los maltrechos nidos de putillas y acordeones y la lluvia desaforada. Entonces se abre la mañana con siete potentes ronquidos de las lanchas y el Puerto Nieva alcanza su máximo cenit. Voy con mi padre al mercado, en lo más alto del barranco, en una de sus puntas, a comer un caldo de gallina negra de monte. La huambisa me mira como un ET, le pido limón agrio y me saca una cosa del tamaño de una naranja, en la selva así es, me espeta ella, yo: increíble, pero es pura cáscara, sin jugo, ella: no te equivoques masha, acá todo es bueno y caliente, si quieres pruébame... El puente es un elefante tuerto mirando al iracundo amanecer. Desde la orilla de la playa me viene el olor chamuscado de las plateadas entre troncos ahumados de pona. Voy dando saltos entre las canoas añosas y baboseadas por el agua. En la banda opuesta, se escucha música de los Mirlos y Sonido 2000 de Tarapoto, regresiono al Bagua Grande de 1982. Las lanchitas van llegando repletas de plátanos de freír verdes, llega la yuca ensaquetada, los pijuallos, aguajes, el mercado se arremolina en la única cuesta angosta del puerto, dos cerdos hacen un griterío de la gran flauta. La única plaza está vacía y sobre ella se yergue la antigua iglesia de madera de la Misión de Nieva. Un ligero viento curioso bate sus alas anunciando una demencial lluvia por la tarde. A lo lejos una compacta parvada ruidosa de paucares y guacamayos surca el horizonte baldío, pictografiando una postal digna de un cazapaisajes de calendarios. La cuatro por cuatro pasó veloz y solo me quedé boquiabierto viendo por un segundo el famoso pongo de Rentema. Llevo en mi mente mil espolonazos pragmatográficos de Urakusa y las sandías de Alenya y la bizca roja mirada del cerro del diablo La Torita.
𝙉𝙞𝙘𝙤𝙡𝙖́𝙨 𝙃𝙞𝙙𝙧𝙤𝙜𝙤 𝙉𝙖𝙫𝙖𝙧𝙧𝙤-𝙋𝙚𝙧𝙪́.
𝑯𝒂𝒄𝒆𝒅𝒐𝒓 𝒚 𝒄𝒓𝒊𝒕𝒊𝒄𝒐 𝒍𝒊𝒕𝒆𝒓𝒂𝒓𝒊𝒐 𝒏𝒆𝒐𝒄𝒓𝒆𝒂𝒄𝒊𝒐𝒏𝒊𝒔𝒕𝒂.
lunes, 27 de noviembre de 2023
domingo, 19 de noviembre de 2023
𝗘ʟ ᴇ𝘀ᴄʀɪᴛᴏʀ ɴᴏ ɴᴀᴄᴇ , 𝘀ᴇ ʜᴀᴄᴇ
Eʟ ᴇsᴄʀɪᴛᴏʀ ɴᴏ ɴᴀᴄᴇ , sᴇ ʜᴀᴄᴇ
Eɴ ᴘᴏs ᴅᴇ ʟᴀ ʀᴜᴛᴀ ᴅᴇ Hᴜɪᴅᴏʙʀᴏ, Vᴀʟʟᴇᴊᴏ,Pᴀᴢ ʏ Jᴏʏᴄᴇ.Eʟ ᴇsᴄʀɪᴛᴏʀ ɴᴏ ɴᴀᴄᴇ , sᴇ ʜᴀᴄᴇ y no basta el talento ni ser autodidacta;tampoco ser un inspirado e iluminado de las musas del monte Helicón o ser un Wordsworth lackista inspirado por la vista de narcisos en las orillas de Ullswater .FILOLOGÍA Y COMENTARIO ᴅᴇ ʟᴏs ᴛᴇxᴛᴏs ʟɪᴛᴇʀᴀʀɪᴏs NIVEL PROFESIONAL ᴄᴜʟᴍɪɴᴀᴅᴏ ʏ ᴄᴇʀᴛɪғɪᴄᴀᴅᴏ.

martes, 31 de octubre de 2023
¿𝙌𝙐𝙀́ 𝙎𝙄𝙂𝙉𝙄𝙁𝙄𝘾𝘼 𝙎𝙀𝙍 𝙋𝙊𝙀𝙏𝘼❓ 𝙋𝙤𝙧 𝙉𝙞𝙘𝙤𝙡𝙖́𝙨 𝙃𝙞𝙙𝙧𝙤𝙜𝙤 𝙉𝙖𝙫𝙖𝙧𝙧𝙤
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| Experto en evaluación de calidad estética en textos literarios Hacedor y crítico literario neocreacionista |
Desde mi época colegial en Bagua Grande-Amazonas, nunca quise utilizar el diccionario de la RAEL de la biblioteca de mi colegio “Alonso de Alvarado”, unos libros gruesos amarillentos con un sello real de Hispania, para definir conceptualmente la palabra poeta, porque siempre encontré ciclópea esta condición suprema de hechicero y demiurgo para ser designada y encasillada con tan pocas palabras.
Poeta, emocionalmente para mí fue un dios supremo del verbo, un forjador e inventor de palabras, agrimensor de figuras de significación espléndidas, un transgresor e innovador del lenguaje culto, supremo hacedor y lumbrera de simbologías y arquitectos de alegorías pluscuamperfectas, constructores conscientes de toda la retórica y poiesis aristotélica, asimiladores orgánicos kantianos, acrisoladores de Baudelaire, epistolar a lo Van Gogh e intérpretes de George Sand. Un poeta no era el que hablaba un idioma coloquial, sino usaba un lenguaje celestial aún perteneciendo al mundano sepulcro de los vivos.
Me los figuraba en una gran cueva alabastrina vestidos con túnicas blancas y barbas legendarias, maquinando la génesis de nuevas formas expresivas y quiebres sintácticos, seres casi mágicos, sacerdotes consagrados al cuidado del fuego sagrado de la poesía y de la refundición e invención de todos los tropos, lexemas y morfemas habidos hasta entonces, cual elfos o Pitias en el oráculo de Delfos. Tenían para mí una reputación sagrada y venerable, porque ellos eran los rectores de una piedra filosofal, del mosaico, de las siete artes liberales y tenedores del “santo grial lingüístico”.
La lectura de poemas para mí fue mi primera religión y sentía un éxtasis sagrado y reverencial posar mi torva mirada en aquellos apotegmas llenos de signos, incomprensibles sin diccionario a la mano. Un poema no era un amontonamiento de palabras apiladas y desconexas entre sí, sino semas mágicos, cargados con una electricidad simbólica, alegórica, semántica y cada palabra era un código secreto de comunicación para iniciados.
La poesía no era un acto blasfemo de cursilería barata y pose ridícula, sino una fina trompetería rítmica con una métrica pitagoriana cual formaciones cuadrículas de infantería espartana perfectamente disciplinadas, con rimas con solfeos gemelos cabalísticos, con escindidos sincopados de corte de confección del faro de Alejandría y con hemistiquios tan perfectos como el Phi griego. Era imposible escribir sólo una pieza poética en una sola noche, debía ser un acto de suprema inspiración que tardaría un decenio en ser culminada y repulida y dejarle desneuronado hasta la fatiga al osado aeda.
Esos seres equilibrados, místicos, serenos, eran coherentes. Debían ser unos anacoretas tan congruentes con lo que escribían, que fácilmente debían ser adorados como dioses. Esos héroes, eran mis dioses juveniles: eran los poetas.
Mis pequeñas incursiones primitivas de lector de Homero, Píndaro y Vallejo, me parecieron que estos seres alucinados no eran de esta galaxia y hubiera dado todo –hasta dejar de ir a clases- por ir a esa sandalizada montaña olímpica donde creía que moraban estos francmasones de secta sibilina. Mis alucinaciones se alimentaban con litografías de las ágoras griegas del diccionario Larousse mirando a los poetas con esa aura de perfección y oratoria encendida, fusionado con las de anacoretas medievales en penitencias para alcanzar la santidad.
La palabra “poeta” no sólo era sagrada, sino que tenía un significado ecuménico y de sapienticidad, de malabarista histriónico de todo ese caudal idiomático: esos signos misteriosos eran el resultado de la síntesis perfecta del entendimiento emocional humano y vaticinios sobre el cosmos a partir de todos los papiros leídos en una biblioteca de babilonia y ocultada por el brillo iridiscente de una ráfaga de luz nocturna. En su pulcra mirada escindía la sabiduría perfecta, el ego controlado, el dechado de valores y virtudes, pygmaliones transformadores, cada gesto tenía un justo correlato con el texto: eran aquellos inmortales a los que se podía seguir hasta que no quede fracción de hueso en nosotros de tanto seguirlos.
Cándido e infeliz, yo. Puras alucinaciones y autoengaños infantiles que algunos perversos se han encargado de pulverizarlos y destroncharlos.
Esta mañana, en una sola oración, un estudiante universitario de Lengua y Literatura de aquí de la FACHSE-UNPRG-Lambayeque, que todas las mañanas me visita para tertuliar un poco y debatir los avances de nuestras lecturas cotidianas, de la estirpe de angustiados solitarios existencialistas, trastornados y frustrados suicidas de boquilla que quieren colgarse en una viga para pasar a la inmortalidad de la soga, misántropos remedones y fanáticos apologistas de antihéroes literarios, me hizo volver nuevamente a la realidad y me epifonemó:
“Profe: Me basta aparentar que estoy loco, decirle cabrón a Dios, decirme cada mañana al espejo que soy el mejor del mundo, ser alcohólico irreverente como lo recomienda Charles Bukowski, no trabajar como lo dice el gran maestro Cioran, alardear mi egomanía, escribir cualquier cosa para justificarme y ya soy poeta: esa es la moda, al diablo con los putos valores humanos y la literatura comprometida y nada de leer a nadie para no contaminarse”.
Fuente:
conglomeradocultural2005@yahoo.es
domingo, 29 de octubre de 2023
VAMOS POR LA LEY DEL ESCRITOR
30 de diciembre de 2021
Por Jorge Aliaga Cacho
Parece que hubiera en nuestro medio literario una carrera sin sentido hacia la obtención de diplomas, certificados, medallas de lata, distinciones o cualquier baratija al granel, con preponderancia en los jóvenes escritores y aun entre los de mayor edad.
Sabemos que los 'premios' no reflejan el valor real de quienes los reciben. De ahí que eximios escritores no solo no buscaran preseas sino que las rechazaran convencidos de que, estos actos de 'premiación', son solo muestras de 'selectiva argolla', culto al individualismo o, peor aún, engañosos reconocimientos de organizaciones sin valor, fantasmas o fraudulentas, que les cubren de alguna manera la falta de verdaderos reconocimientos de caracter académico. De esta forma, el carnaval que hacen los 'premiados o distinguidos', son en verdad, el encubrimiento de la realidad: sus titulares posiblemente no habrían obtenido significativo reconocimiento académico o habrían cursado estudios en alguna institución de conocido descrédito y falta de rigor académico. Por ello, los verdaderos Escritores -y tengo que escribirlo con mayúscula-, jamás se distraen en estas expectativas, envueltas en papel celofán y chusca vanidad. Los pensamientos de los verdaderos escritores son universales. Ellos confían en sus plumas, en la historia y en la misión que el destino les ha conferido: batallar sin descanso para conquistar la felicidad de la humanidad; enfrentando a los poderosos, causantes del desequilibrio social, pobreza material y moral de los pueblos. Un buen premio para todos podría ser la obtención de una Ley del Escritor que defienda los interéses de los trabajadores de la Literatura, los dote de dignidad profesional y ayude a difundir sus obras en el mundo. Y mientras la posibilidad de una guerra nuclear nos amenaza, el baile de las medallas de lata y cartones multicolores, de instituciones fantasmagóricas, sigue su curso en un ambiente huachafo de puro hazme reír.
Escritores: 'Uníos por la Ley del Escritor'.
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