LA AGONÍA DE LA NATURALEZA
A la fauna y flora en extinción
Oigo a todas horas
por doquier
los alaridos incesantes y dolientes
de los animales del
campo,
de los valles, de los montes,
de los ríos…
su estridente y lancinante clamor,
que como saetas se dispersan
y me pregunto: ¿Los otros hombres
no perciben estos lastimeros quejidos?
El río se encoleriza y brama como un toro
se desborda y anega la tierra
que sembró el hombre
y en sus violentas aguas
color tierra
las cosechas, los animales que le iban
a dar la vida.
Los altos cerros,
aquellos que en su seno lo albergan,
claman con derrumbes y temblores
la agonía de la naturaleza;
los últimos vástagos de especies
casi extintas
claman extraviándose entre la espesura
de la selva, más bien huyendo
de su caníbal perseguidor;
se estremecen al sentir
los ávidos pasos de los racionales,
de miedo se les troca la primavera
en doloroso otoño;
los frutos de los árboles
para eludir los perversos ojos
y no ser arrebatados malamente por manos
que aún de sangre están maculadas,
se pudren,
y para no dar vida(nutrir)
a su propio destructor
se secan.
El río huye de aquél
con violencia
se corre como un toro herido,
se desborda, huye por mil caminos,
huye raudo,
hollando los sembríos,
huye despavorido
como una ola busca
su muerte en la roca
el río busca la mar
para mejor morir.
El viento castañetea
y aúlla
como perro
amedrentado
y el hombre no advierte,
la agonía de la naturaleza.
Las aves que poblaban como frutos los árboles
se desploman
mortalmente heridos
al presentir a los humanos depredadores;
los gigantescos
bosques,
ya ausentes de
garrulos pájaros
se incendian como
hogueras;
es el sol, quien
incendia
y devasta la tierra,
busca al hombre para tomar represalia
de los animales del
campo,
de los valles, de
los montes,
de los ríos…
Lo busca como
armígero enemigo;
su fin, incinerarlo
todo
como quién caza la
presa;
y el hombre irracionalmente
socaba la tierra
donde al fin es
soterrado.
Autor:Roberto G. Medina Sánchez