Irse para nunca más regresar,
partir sin equipaje
como un ave al cielo
con la austera faz
ausente de alegría,
irse como un marinero
y sin retorno
perderse en la mar
con la mirada soñadora
de un poeta
y el alma aventurera
de un conquistador.
Irme llorando
por mi antigua morada
aquella que se queda
en la sombría ciudad,
entristecido de repente
como un día sin sol.
Irme por los senderos
pulsando mi lira,
olvidando el pasado,
dejando atrás
mis tristes recuerdos.
Si Dios me da la vida
contemplaré extasiado
los atardeceres,
por las lomas será mi andar,
me olvidaré del estridente paso
de los carros,
de la fría ciudad.
Contemplo las edificaciones que,
sustituyeron los árboles,
los campos…
y lloro por la ausencia
de las aves,
añoro el gorjeo de los
polluelos al atardecer,
los gritos desaforados de los
pichones famélicos
y un día ya no se oirá
el murmullo de las aves,
ni en el alba
ni en el crepúsculo de la tarde,
todo se tornará en estridente
silencio,
no habrá árbol
que calme con su sombra
la sed de frescura,
ni el viento traerá la brisa marina.
Iré por el campo
tañendo mi laúd
entonando mis músicas
y declamando mis odas
que acompañarán los pájaros
cantores,
iré por los verdes valles
cantando mis versos
montado en Platero
y le diré: ¡que aire tan puro!
¡que música el de las aves!
¡que belleza el de la naturaleza!
¡Esta es la verdadera vida, Platero!
y él como asintiendo
trotará alegre
por los prados saturados de,
florecillas rosas, celestes y gualdas,
arrobado por la policromía
de la primavera
y yo poeta lírico
suspiraré extasiado
por la paz de los campos.
Contemplaré los árboles
saturados de sabrosos frutos
y cuando la sed
atormente mi pecho,
asiré las jugosas frutas
sin temor a cerco de espinos
ni a perros bravos
que me nieguen el sustento;
contemplaré el sosegado correr
de los ríos en mayo,
a sus orillas me detendré
como un ave errante,
me abrazará el aire fresco
del viento retozón
después un sauce augustal
me brindará su sombra fraternal
y una risueña cuculí anidará
en su frondosa rama
y con la música de su cítara
me invitará al reposo del sueño.
Pajarillos piando al amanecer
saturados de júbilo,
pichones chillando
desde sus nidos
como llamando a sus madres bienhechoras
y el sol acariciando mi rostro
con sus cálidas manos,
invitándome a no dejar el apacible campo
el cual no pienso abandonar
jamás.